Camináis cogidos de la mano y un amante de los pájaros sigue vuestras huellas.
Os sentáis en el césped buscando intimidad. Descubrís un hombre tras el arbusto, otro parado en el camino y un tercero asomando su nariz tras el tronco de un sauce.
El amante de los pájaros trata de haceros fotografías. Increpáis, la indignación y el enojo os visten.
Bajáis al metro. Buscáis otro lugar donde charlar sin prisas. Próxima estación: Retiro.
Con un refresco y un bocata os miráis en un banco. Horror. Esta vez aparece una sombra con la cremallera del vaquero bajada. Introduce los dedos. Dejo de narrar. Eran las 14:00 h de un día soleado.
Huis con rostros incrédulos. No me extraña. Os echan a los dominios de una calle llena de ruido, a locales colapsados, a mil sitios opuestos al sosiego.
Sois jóvenes con amor, jóvenes sin un pequeño lugar donde cerrar los ojos y respirar tranquilos.
Cuidado, el asedio del afecto camina libre en la ciudad.
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