Miles de trayectorias renacen en el cristal. Llegan a él en forma de impulso, decididas, sin coraza, dispuestas a ser. Las mira atentamente. Se abalanzan contra la firmeza que les da refugio. Van generando una superficie lunar, se fijan como cráteres transparentes, como deidades imborrables, eternas, instantes constructores de gubias en talla.
Comienzan
a caer más fuerte. Se solapan, saturan la superficie que las acoge. Han
sobrecargado la hoja externa. Se desmoronan, fisuran los límites. Surge
una línea, un punto deslizándose, la lágrima, la dirección de un nuevo
recorrido, el miedo, el abrazo a su materia prima, la soledad.
Como
una gota de lluvia ve la inercia sin frenos de la desolación con su
victoria. Como una gota de lluvia se hace búsqueda de aún no sabe el qué
en la incertidumbre de lo desconocido. Como una gota de lluvia desea
ser vapor, ilusión, sueño. Como una gota de lluvia alimentará el coraje y
la ingenuidad de aquel que vive por primera vez.
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