”El espacio real es intrínsecamente más poderoso y específico que la pintura en una superficie plana. Obviamente, lo tridimensional puede adoptar cualquier forma, regular o irregular, y puede establecer todo tipo de relación con la pared, el suelo, el techo, la habitación o habitaciones y el exterior, o no establecer ninguna en absoluto. Puede utilizarse cualquier material, en su forma pura o pintada.”
(Donald Judd)
Poco antes de que
comenzaran los tajos, cuando la obra se encontraba embargada por el
silencio, tuve la fortuna de encontrar una bella composición que
inevitablemente me evocó las cajas de acero inoxidable y aluminio
galvanizado de Donald Judd. No podía dejar de pensar qué operarios
pudieron ser los responsables de esta pequeña obra de arte efímero.
Comencé a aproximarme
desde diferentes puntos de vista logrando múltiples visiones,
convirtiéndome en una espectadora activa completamente entregada a los
reflejos de las primeras luces de la mañana (bienvenido, Eugène), al
ritmo de su orden improvisado, a la alternancia de sombras y brillos, a
la magia de lograr un mundo perceptivo tan rico y mutable a través de un
espacio, un foco de luz y unos conductos de aire a la espera de ser
instalados.
Fotografía y texto © E. Marqués
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