Consagración de la Primavera (Igor Stravinsky). Coreografía, M. Béjart.
Llega el aroma húmedo de la vida, el canto alegre de pequeños kamikazes desnudos arrojándose a la llamada de los uadis*.
Al chocar explotan en un abrazo entregado, en un vuelo hacia la
infinita espiral de vapor. Poco después se desvanecen, se convierten en
sonidos con hipotermia, el cauce se hace lodo arrancado en una oscura
metamorfosis.
Siguen ahí. Frío, caliente, frío, caliente. La temperatura marca la dirección de las alas sin más regulador musical que el instante y la densidad de sus cuerpos.
© Texto: E. Marqués
*Uadi:
valle. Palabra de origen árabe que se utiliza para designar los cauces
secos que discurren por regiones cálidas o desérticas.
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